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La otra joya del creador de Black Mirror




El inquietante morbo para ver televisión abierta

Ante la 'crisis', Azteca y Televisa siguen con su televisión basura y morbosa. El Canal Once, tan ignorado como siempre

Ya nadie la ve, es el tópico en México al hablar de televisión. Si deseas verte inteligentemente atractivo a los ojos de los demás, puedes decir que no ves televisión. Es más, aquí unas frases: “No hay nada bueno qué ver”, “No tengo tiempo”, y el contundente “No tengo tele”. Es inimaginable pensar que alguien no tenga tele en su casa, o que sobreviva sin ella (Hay humor en esta sentencia).

Es difícil creer que los mexicanos no veamos televisión abierta, menos que la dejemos de ver en algún momento. Porque si con algo se podría comparar la televisión abierta, es con el Club América. Ninguna persona que no sea americanista, ve los juegos del América y sin embargo, casi todos los mexicanos hablan de ellos cuando sucede algo. 



El director general de TV Azteca, Benjamín Salinas, dio unas declaraciones extrañas. En apariencia, porque ponía en el centro del mundo a los millennial. Según él, la generación de entre 21 y 36 años ocupa diariamente tres horas 16 minutos frente al televisor. Y no es disparatado si se piensa en Enamorándonos. El reality show de Azteca donde la mayoría de sus participantes tienen esta edad. Este programa le ha dado los ratings más altos por las tardes. Esto no confirma que los millennial vean la televisión durante tres horas, pero tampoco descarta que genere interés en ellos. 

Carmen Muñoz, la conductora del reality. Vía: TKM

En sí, el reality no es más que una muestra de la telebasura que siempre se ha hecho en México. Personas comunes exhiben su vida o su intimidad, con una historia dramática inverosímil pero que incita al escándalo, al enfrentamiento personal y a la humillación de los participantes. Los de Enamorándonos sienten que conquistan a todo aquel que los vea, cuando la verdad lo que proyectan es bastante deficiente y lleno de clichés.

Es el programa más exitoso desde la renovación de Azteca 7, en octubre de 2016. Ahí inició Enamorándonos, y ahora se transmite en el canal principal de Azteca. Es lamentable ver qué por ello se apostó, en lugar de Nada es lo que parece, el talk-show de Carolina Rocha, el cual tocaba temas sociales. Si bien no tuvo fuerza al inicio, mejoró con la inclusión de los ocurrentes Fernando Rivera Calderón y el monero Antonio Garci. Podía ser algo como Oprah Winfrey en Estados Unidos, decía Álvaro Cueva, el Mismísimo Crítico de Televisión y Único en México. Pero el programa fue cancelado, y ahora Enamorándonos está en la boca de las personas.

Así lo podemos ver con Televisa y Las Estrellas. Tras el segundo cambio que anunciaba Emilio Azcárraga Jean en agosto del 2016, todos se convirtieron en expertos de los late night shows. Así, criticaron que “Esta noche con Arath” era una copia de “The Tonight Show with Jimmy Fallon”, sin siquiera dar la oportunidad para verlo. 

Eso sí, la producción de Adriana Bello pecó de pretenciosa. Quiso ser un espacio de libertad política y cómica, al invitar a políticos sin cuestionarlos y burlándose de AMLO, Carmen Aristegui y la CNTE. Nada nuevo de Televisa. Pero fue un experimento más interesante  que lo hecho por Israel Jaitovich durante años en la empresa y que, extrañamente, sigue haciéndolo.



El programa de Arath de la Torre salió y en su lugar entraron dos series de “comedia”, si así se les puede llamar. Una con Adrián Uribe y otra con “El Burro” Van Rankin, la de este comparada con Two and a Half Men. Ojalá Dios la hiciera parecida por lo menos un poco. Estas dos ficciones poseen el mismo humor misógino y homofóbico que caracteriza a Televisa. Si algo tenía Esta noche con Arath, era que no compartía este humor. Las dos comedias se mantienen en la programación.

Si volteamos a ver la barra de noticias de Televisa, sucede algo semejante. Se ha consolidado con Despierta, el noticiero de Carlos Loret de Mola con momentos que marcan la agenda del día. Pero hay cuestionamientos y van contra En Punto, el noticiero nocturno de Denisse Maerker.


“No ha dado el ancho”, dice la crítica, o la gente, que a veces es lo mismo. Lo dicen a comparación del espacio que ocupó, el noticiero conducido por Joaquín López Dóriga, que obvio era bien entretenido. Incluso, se insinúa si la reemplazará el propio Carlos Loret de Mola.

Pero ya si se critica, por lo menos hay que ser amplios de criterio. ¿Por qué la necedad de Televisa por mostrar a los mismos rostros? Como si no existieran líderes de opinión política salidos de las escuelas de comunicación y periodismo. Piensan que, cada año quienes se gradúan, no cuentan con la preparación suficiente para conectar con la audiencia mexicana. ¿En serio estamos encantados con alguien que sólo crea polémica por la razón que sea, y se siente simpático también sin razón?



Imagen, el canal más nuevo de la televisión mexicana, trata de aparecer en el panorama. Lo intenta con un noticiero nocturno que luce por su dinamismo visual y la personalidad de Ciro Gómez Leyva. También con ficciones políticas-sociales, semejantes a lo hecho por Cadena Tres en su momento. Y con telenovelas religiosas o turcas, que vaya funcionan. Sin embargo, no ofrece ningún formato nuevo, menos caras distintas. No habría por qué tenerlas, pero tampoco hay motivos para no arriesgarse con ellas. Más si, según, es la nueva cadena de televisión abierta nacional. 

Y aquí regresa el futbol. Lo mismo que hace el América al quitar los reflectores a clubes como Pachuca o Santos, por ejemplo, lo hace la televisión abierta con el Canal Once. Ese canal público que, cada año, pide a gritos entrar en la mente de los mexicanos. Ahora lo intenta con publicidad en las calles y el Metro. Algo que, por alguna razón, nunca había hecho.

Lo mismo tiene las producciones con enfoque social de Cristina Pacheco, como “Aquí nos tocó vivir” o “Conversando con…”, que el programa propositivo “Hacer el bien”. O Espiral, el de análisis de actualidad, conducido por Ricardo Raphael y donde fluye la pluralidad a través los invitados. O el de entrevistas para conocer a escritores mexicanos como es Palabra de Autor, que conduce Mónica Lavín. O esos ejercicios únicos en el entretenimiento como son Fest Jumpers, que visita los festivales de música de todo el mundo. ¿Qué decir del único late night que ha traído temas de profundo análisis a discutir por las noches, como es Solórzano 3.0? Ni hablar de la única sitcom de Canal Once, Fonda Susilla, que trajo el humor absurdo e ingenioso a la televisión mexicana.



Lo más probable es que no hayas oído de varios programas. ¿Quién ha hablado de ellos? Lo primero que pensamos al hablar de televisión en México, es hablar de Televisa y TV Azteca. Quizá porque sean programas que brillan en contenido, ese mismo que exigen quienes se precian de las señoras que ven telenovelas y programas como La Rosa de Guadalupe. Siempre referencia al hablar de Televisa, aunque sólo se ubique el icónico airecito de la rosa. Pero esos mismos críticos refinados, nunca se toman el tiempo de ver la demás televisión mexicana. 

Si algo vino a traer la dispersión de los millennial, el contenido abundante y a la mano de Netflix, fue encender a los directores de las televisoras para hacer otro contenido. Igual debería despertar a los consumidores para conocer otras cosas en la misma pantalla chica del país. Si no lo hacemos, seremos personas de la televisión que supuestamente criticamos y aborrecemos, basura y morbosa.


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POR MIGUEL JIMÉNEZ ÁLVAREZ
Editor de Oorales

Estudió Periodismo y escribe para recordar que olvida. También hojea revistas.



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