El complot mongol, Rafael Bernal

Una novela policíaca mexicana a la altura de las mejores del género. Es El complot Mongol, de Rafael Bernal

Argumento:

Filiberto García, típico matón y antiguo verdugo de un general villista tiene que terciar con el FBI y la KGB para desmantelar una intriga contra la paz mundial que se anida en las calles de la Ciudad de México, el acriollado y mediocre barrio de la capital del país. 

Narrada con un estilo agilísimo, lleno de humor negro y de la violencia sórdida que se escondía tras la moderna fachada del México de los sesenta, El Complot Mongol es considerada una de las piezas clave en la novela negra mexicana

Opinión:

"El Complot Mongol" cautiva por varias características: el detective Filiberto García, protagonista solitario que no entiende de qué se ríen las personas; la construcción de una trama que engaña, se revuelve y aclara de forma increíble; el Centro de la Ciudad de México como escenario de la historia, con el Barrio Chino y sus alrededores como detonantes de la acción; el uso del narrador en tercera persona que fluye desde la primera persona; la china "Maltita"; la crítica -nunca forzada, desde la misma trama- hacia la Revolución Méxicana; la narración ágil de las acciones con una escritura sin adornos. 

Rafael Bernal

Si habría que resaltar alguna sería la creación del argumento: lo que lleva al lector a crearse una idea de lo que lee para después darle un zape y decirle que la historia va por otro lado y uno creerlo. 

Entonces uno entre que admira eso que acaba de leer y entre que se siente que le han tomado el pelo. 
















Rafael Bernal escribió una novela que demuestra al lector mexicano la capacidad de la narrativa local para hacer novelas por las cuales sentirse orgulloso, además de realizarlo desde el entorno propio y así, acercarse a la "identidad" que, se llega a decir, no tenemos como mexicanos. Puede que el modelo en la estructura de la narrativa sea copiado de otros lados, pero la adaptación surge y se mantiene desde el ambiente local.

Lo único que no me gustó fue la repetición de la palabra "Pinche" para casi cualquier situación. Ahí sí Rafael Bernal lo choteó y le quitó sentido. Además de aún no decidirme si la construcción de la trama es algo soberbio o despreciable. Aunque claro, estoy más cerca del elogio que de la descalificación.



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