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19 junio, 2014

La muerte tiene permiso, Edmundo Valadés


Argumento:

Cada uno de los cuentos de Edmundo Valadés es una tentaiva bien lograda de recrear, con datos de la realidad, un mundo en que la ironía y la ternura son acaso las mejores cualidades. A partir de la experiencia propia elabora un mundo sugerente de recuerdos y anécdotas: el mundo de la niñez, a través de algún usceso callejero, de una historia pueblerina, de un acontecimiento político, a los que el autor confiere unidad de estilo y auténtico sabor literario.

Opinión:

Una escritura pulida, en donde se ve que Edmundo Valades conocía y le gustaba este género de la historia corta. Esto lo demuestra planteando cuentos con situaciones que, en verdad, interesan y atraen, dejando a un lado cómo están contadas o el uso del lenguaje que se les da. Se pone atención en cada cosa narrada por la historia, porque ésta ha enganchado. Entre ellas destacan: "No como al soñar", "Al jalar del gatillo", "La grosería", "La infancia prohibida" y "El prextexto", las cuales fueron las que más me gustaron y tienen mayor calidad.

Sin embargo, hay varias cosas que no comparto en la escritura de los relatos(algo meramente subjetivo):



1.El narrador que sabe toda la historia y él ni siquiera aparece

Un hecho que creo, ya está más que caduco en la literatura. Claro, puede ser bueno si se le parodia o incluso si lo contado tiene trascendecia o interés. Esto en algunos cuentos de este libro sucede, en otros no.

2. El uso excesivo de adjetivos

Creo que a veces se puede comunicar lo deseado sin necesidad de darle nombre a todo lo que ocurre; crear sensaciones sin especificar, solo detallar, o a veces ni eso. Aparte de que este es un reto, otro compromiso hacia una escritura creativa, de mostrar lo que se es capaz escribiendo con los menos recursos posibles, u omitiendo algunos.

3. El tono cansado/decaído de las personas pobres

Esto sí es algo que ya me llega a incomodar cuando leo narrativa mexicana —sea de la época que sea—. Parece como si todos los escritores fueran el mismo, con esa escritura decepcionada de Juan Rulfo —el que se me viene a la mente y que sé fue constante en esta manera de narrar—. O como si todos se copiaran a todos, sin crear una voz personal para este sector de la población. Creo que la gente pobre, en su hablar, es muy diferente a la gente del campo. Y por lo que a veces leo de narraciones de mexicanos, da la sensación de que para éstos fuera lo mismo.

Todos las cuestiones pueden parecer irrelevantes, y la verdad es que llegan a ser —si es que la historia te atrapa, haciendo a un lado todo lo anterior—. Y por el otro lado, si se sabe que el tema de una historia, en autocrítica, no es tan atractivo como podría llegar a ser, se piensa en formas de hacerlo atractivo. Otra manera de tratar la escritura.

En fin, Edmundo Valadés tuvo cosas interesantes —el gran proyecto de la revista "El Cuento" siempre lo voy a agradecer y a tomar en cuenta. Aparte de los relatos propios como los que mencioné—. Pero a mi parecer, su obra en este libro es un tanto inconstante, pues no puede haber grandes ideas de interesar al lector y después textos que apenas pueden seguirse leyendo. Todo esto es a partir de las sensaciones después de su lectura y de acuerdo a cómo veo la literatura/escritura.

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“A veces, Dios permite las tragedias. Él permite que la tierra se seque y que

los tallos crezcan desnudos. Le permite a Satanás que desate el caos.

Pero no permite que triunfe.”


Max Lucado




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