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'El Gran Lebowski', o el humor dentro del enigma

En 'El Gran Lebowski', los hermanos Coen hacen del cine de detectives una comedia de humor absurdo e hilarante.




El Gran Lebowski es una película de bolos, secuestros y nihilistas, entre otras cosas. Con escenas absurdas, los hermanos Coen producen carcajadas que parecen literarias pero dependen de lo visual. Casi todos los chistes suceden a partir de la enérgica y torpe actitud que representa Walter (John Goodman). Un personaje que, si no traduce su violencia al gritar y romper los cristales del carro de una persona equivocada, lo hace al demostrar que Jeff Lebowski, El millonario, no está lisiado y puede caminar.

Lo anterior es la comedia más visible de la película estrenada en 1998, además de que Walter, como excombatiente de la guerra de Vietnam con secuelas emocionales detrás, relaciona el hecho con cualquier situación.

Pero los Coen también aprovechan para burlarse de temas artísticos y filosóficos. A Maude Lebowski (Julianne Moore) la ponen a volar desnuda a través de una cuerda para lanzar gotas, en realidad trazos, a una pintura abstracta. También están ‘Los nihilistas’, personajes que dicen no creer en nada pero orinan sobre alfombras ajenas, cargan marmotas que lanzan en plena ducha y prometen cortar el paquete de Jeff Lebowski, El Socio (Jeff Bridges).

Se podrá creer que El Gran Lebowski sólo es una película de comedia. Y no porque, extrañamente, todo se basa a partir de una historia de detectives. Identificarlo no es sencillo, menos si el aparente detective es el sujeto más vago y pacifista que pueda encontrarse, como es El Socio. Un hombre que parece vivir cualquier día como si fuera domingo, con pijama o ropa casi deportiva con huaraches. Sin embargo, a pesar o gracias a ser el homónimo del otro Lebowski, será la esperanza y el detonante de la película.

Si en El Halcón Maltés se observa al detective Spade (Humprey Bogart) que se asume como tal, tiene una oficina y pese a las incoherencias que puedan surgir, se mueve de un lado a otro para resolver el enigma, en El Gran Lebowski se encuentra algo opuesto. El Socio no es detective y sólo lo han contratado para el rescate de un secuestro. Prácticamente vive en los bolos con sus amigos porque no trabaja, y en lugar de recabar pistas, estás se le desaparecen.

Además, tal parece que un detective nunca había sido tan golpeado y con tan poca capacidad para responder como en este filme de Ethan y Joel Coen. Cada escena en la que es atacado, El Socio entre en una diversidad de sueños donde pese a su estatura, siempre es más pequeño que los espacios exteriores. Levita con la ciudad de fondo, baila en una torre de zapatos de bolos rumbo a las estrellas, o se desliza por un carril tal cual bola de boliche, en una hilera de mujeres con las piernas abiertas, con sonrisa de por medio y música alegre.

Son los bolos el punto de encuentro para El Socio, Walter y Donny (Steve Buscemi) quien desde la curiosidad de sus ojos pregunta todo y es frecuentemente callado por el segundo, hasta que Donny falla, sin lograr su chuza. El proceso de jugar a los bolos es tan detallado que, con ritmos lentos de la cámara, se aprecia desde cómo toman la bola los jugadores y se preparan, hasta cómo se desliza por el carril y tira los bolos.

El Gran Lebowski inicia con un narrador para mostrar una comedia de situaciones absurdas fundida en una historia de detectives. El Detective es más bien El Socio que sólo participa dentro de algo que, con carcajadas y enigmas, conjuga una obra más analizable de lo que parece.



Author ImagePOR MIGUEL JIMÉNEZ ÁLVAREZ
Editor General 

Estudia Periodismo y escribe para recordar que olvida. También hojea revistas.



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