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13 de mayo de 2017

La literatura comprometida de Sartre y Beauvoir




Por Roxana Sámano Cuevas
@RoxiBonham


El siglo XX estuvo plagado de cambios políticos, sociales, éticos y culturales a nivel mundial. Ese periodo tuvo la pretensión de llevar a cabo todas las teorías sociopolíticas que se desarrollaron durante el siglo XIX, algunas mal logradas y otras con mejores resultados.

Los grandes pensadores del siglo XIX,  tanto filósofos como literatos, heredaron la sublime idea de que lo que plasmaban en papel, implicaba un compromiso ético y político con su contemporaneidad.

Con afanes no faltos de pretensión utópica, el siglo XX vio nacer controversiales discursos filosóficos  que demandaron la urgencia de un cambio radical en todos los estratos de la sociedad, motivo por el cual la inmersión del arte en lo político surgió de forma inminente  (a manera de remembranza del romanticismo). 

Las causas marginales fueron la génesis de muchas ideas vanguardistas y subversivas. Cada sector pretendía exigir para sí el respeto a sus derechos y la igualdad social; no obstante los diferentes puntos de partida, las voces se dejaban oír desde abajo, y el grito se escuchaba unánime en contra de las premisas del conservadurismo.

Jean Paul Sartre, filósofo, escritor y militante francés, al encontrarse sumergido en un ambiente de desconcierto político, invoca a sus coetáneos y colegas a comprometerse con el mundo y sus conflictos subyacentes mediante la literatura.



A manera de invitación cuasi imperativa, incita a las y los escritores a reflexionar sobre los problemas de su tiempo y a establecer narrativas que hagan preguntas y planteen alternativas de solución; una realidad dentro de un terreno ficticio con el objetivo de suprimir el carácter ritual del arte y establecer con él una relación directa entre el ser y su circunstancia.

Envueltos en un sentimiento de des/consuelo e in/conformidad, los escritores del siglo XX  al haber atestiguado sucesos bélicos atroces y vivir los vestigios de la posguerra, no miran con desconfianza la propuesta sartreana, y deciden con prisa refugiarse en una actividad que promete traer consigo menos decepciones que los ideales perdidos en la guerra: la literatura comprometida.

Los sucesos ocurridos generaron múltiples discusiones en torno a polémicos temas, que a su vez dieron pie a nuevas corrientes de pensamiento. El feminismo tomó partida dentro de la lucha universal, y negras, obreras, lesbianas, amas de casa, empleadas y estudiantes, salieron a manifestarse por la búsqueda unánime de sus derechos.

Escritoras y filósofas como Simone de Beauvoir, Elfriede Jelinek y Naomi Wolf, encabezaron la lucha mediante textos irreverentes que rompían con la tradición ultra derechista occidental.
La acción a la que llama Simone de Beauvoir es la acción colectiva, la acción que responde a su tiempo y a su contexto histórico en la incanzable búsqueda del mejoramiento humano.



La necesidad de poseer un proyecto individual que corresponda tanto a un fin propio como a un fin externo, es para ella una herramienta necesaria para que la labor humana no se vuelva estéril e intrascendente; este compromiso con la acción representa la máxima expresión de la libertad humana.

Para esta pensadora francesa, la afirmación de que el arte es un fin en sí mismo y que el deber del artista es crear obras con el fin de entretener y saciar las ansias estéticas y contemplativas de los espectadores, es un sinsentido, ya que para ella, el artista no puede desinteresarse de la situación de su propio contexto.

Así, la obra de arte; llámese poesía, pintura o música, debe responder a una problemática actual y contar con una justificación teórica.

Simone de Beauvoir, pionera del movimiento feminista del siglo XX, tras la revolución sufragista, incita a las mujeres a trabajar en la vindicación de su libertad y a no dejarse relegar al papel de madre, esposa o hija únicamente. Enuncia la necesidad y el derecho que tiene la mujer para ejercer su voluntad y tomar sus propias decisiones de manera libre y autónoma, así como la urgencia de combatir los arquetipos sexuales de la sociedad patriarcal.

Actualmente, resulta sencillo notar la implicación del arte como herramienta performativa en el terreno de lo público. La conceptualización del arte y el acompañamiento discursivo que tiene hoy en día, son parte de una herencia innegable por parte de esos momentos de militancia que se vivieron en el siglo XX.

La pintura, la poesía, la narrativa, la fotografía y el cine, se han involucrado de manera directa con las causas “marginales,” ya que no solo se centra en la satisfacción sensorial y la contemplación estética, (como era en el renacimiento) sino que ahora representa una suerte de equilibrada dualidad entre belleza y narrativa.

Desde hace ya algunas décadas, el artista se ha convertido en un militante político que denuncia las injusticias mediante la mezcla de colores, los endecasílabos y el plano secuencia.




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