Nací gracias a Eusebio Ruvalcaba





A veces olvidamos tan pronto cómo fue el inicio de todo, que deberíamos sentirnos un poco avergonzados. Por la gratitud que se merecen esas cosas.

Nací gracias a Eusebio Ruvalcaba y a partir de ahí, no he dejado de vivir la literatura. Y es que, ¿cómo olvidar lo divertido que me sentía tras leer Un hilito de sangre? 

Las frases que anotaba del protagonista, lo identificado que estaba con él, el amigo que veía en ese libro. Leí la novela otras dos veces más, con cierto margen de tiempo para que no dejara de gustarme. Nunca fue así. Siempre la disfruté, siempre me alegré leyéndola.




Como con Rius, no me importó que los demás me dijeran que debía conocer a otros autores. Para mí, leer a Eusebio Ruvalcaba era algo muy agradable. Encontraba una voz ingeniosa y única. No leía a nadie más que sonara como él.

Porque así como le daba una perspectiva personalísima a las cosas cotidianas, hablaba como nadie de la belleza de las mujeres y de la soledad de los hombres. Entre que me impresionaba y me agradaba su visión, me sentía acompañado por las opiniones de alguien que quizá jamás conocería en persona.

Curiosamente, aquí en Oorales, no he reseñado ninguno de sus libros. Pero pienso y recuerdo mis primeras visitas a la Biblioteca Vasconcelos buscando y leyendo sus obras agotadas que sólo tenían ahí y con las cuales me reía de sólo leer su título, como los libros de cuentos ¿Nunca te amarraron las manos de chiquito? y Clint Eastwood, hazme el amor, o la novela Lo que tú necesitas es tener una bicicleta. 

Los primeros libros de literatura que compré fueron de Eusebio Ruvalcaba. En buena parte, su obra más reciente hasta ese momento (en el 2012). El libro de cuentos Pocos son los elegidos perros del mal, la novela Banquete de gusanos y el libro de aforismos Una cerveza de nombre derrota los consumí en cuanto los tuve en las manos. 

Conocí la literatura gracias a Eusebio Ruvalcaba y asimismo supe de escritores como Enrique Serna o Charles Bukowski. Poco a poco leí más novelas y libros de cuentos de diferentes autores, dejando de lado a Eusebio Ruvalcaba.

Hasta ahora, he leído algunos textos de quienes lo conocieron, como el de los escritores Hugo García Michel o el de Gabriel Rodríguez Liceaga y lo retratan como un hombre amable que sabía ser un amigo, tal cual sugiere en Un hilito de sangre. Nunca conocí personalmente a Eusebio Ruvalcaba pero poco importaría si pienso en lo bien que me hizo sentir leyéndolo y el hecho de que, nadie más que él, me introdujo en la literatura.

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