14 noviembre, 2016

EL CULTO MARGINAL. Daniel Clowes


Este artículo pertenece al número 1 de El Culto Marginal 

Leer por primera vez a Daniel Clowes es sorprendenderse que alguien hable de la soledad como lo hace él: 
con protagonistas abiertamente anti-sociales que no encajan por ser tímidos o inseguros, sin dejar de lado a los perdedores excéntricos que te puedes encontrar en cualquier lugar, 
con los que te preguntas: 
“¿Cómo será la vida de ese señor?”


El primer cómic que leí de Daniel Clowes fue Caricatura. Historias cortas con personajes de lo más extravagantes y observaciones sociales de lo más críticas. Pero estaba contento. Seguro que regresaría a Daniel Clowes. Además, parecía ser de los autores tipo Kurt Vonnegut que, al leerlos, dicen: “Si te sientes solo, lee esto. Yo estuve ahí y sé lo que es. No estás solo”.  

A partir de ahí, he regresado a Daniel Clowes en cinco ocasiones: Ice Haven, Bola Ocho, Ghost World, El Rayo Mortal y Mr. Wonderful. Si de algo estoy seguro es que volveré a su obra. Tal vez hasta releyéndola por completo. 

Daniel Clowes, un norteamericano nacido en Chicago, tiene 45 años dibujando. Algo impactante. “En las frías calles de Chicago o veías la televisión, o robabas coches, o te dedicabas a dibujar”, declaró en una entrevista. Comenzó a dibujar a los nueve años. Pero fue en 1989 cuando dio el salto a los comics con Bola Ocho, revista de historietas editada por él mismo y que sirve como trabajo inicial para presentar su estilo agudo, crítico y paródico, donde se burla de la sociedad estúpida y presumida, influenciada de forma brutal por las modas y los medios de comunicación. Sin embargo, se percibe un tono futurista que da paso a la sátira. 


Bola Ocho es también la revista donde aparecen Ghost World, Caricatura, El rayo mortal y Como un guante forjado de seda. Si habría que definir la lectura de Ice Haven de alguna forma sería como “La cotidianidad extravagante en las personas de una comunidad”. Se cuenta la vida de cada uno de estos personajes, con un protagonismo coral que, además, permite dar el sentido de que estamos ante personas alienadas con mucho más que decir de lo que aparentan. La característica destacable de Ice Heaven es el uso de colores chillantes –como el amarillo- y el diseño del libro –horizontal- con viñetas que parecen de tira cómica.

El rayo mortal es “El tratado de la amistad, la soledad y la toma de decisiones vistos desde el pasado”. Así, Andy (el protagonista) juega con el tiempo, llevándonos al recuerdo de cuando era adolescente y se convirtió en superhéroe. De la misma forma, muestra la relación con su único amigo –el típico compañero que está contigo y parece buena onda pero te induce a hacer cosas que ni siquiera piensas-, con sus abuelos y su novia lejana. Cada una de estas tres relaciones conmueve. Es también genial la forma en qué Andy se convierte en superhéroe. ¡Claro que incluye comentarios pesimistas y un panorama agrio de la vida y las personas! ¡Faltaba más!




Es difícil no llegar a sentirse identificado con las situaciones tristes que plantea Daniel Clowes.
















Ghost World es “La búsqueda de identidad con un humor irreverente”. El humor es bueno y más porque tiene muchas referencias de cultura pop. Entonces, ante un chiste en que comparan situaciones con algún personaje o serie de televisión, uno se ríe. Puntualizar que la película (Ghost World. 2001. Dir. Terry Zwigoff –con guion de Clowes. Hasta estuvo nominado a los Óscares por Mejor Guion Original), tiene un cierto encanto más que el cómic. Tanto la historia –a la que se le amplían situaciones- como los personajes interpretados por Tora Birch, Steve Buscemi y Scarlett Johansson. Recuerdo cuando leí la novela gráfica y las protagonistas me parecían “odiositas”. Por eso del chismorreo en plan pesado de criticar a las personas. En la película esto no sucede. Quizá pueda parecer desesperante la indecisión de Enid, una de las protagonistas Pero de eso habla Ghost World: no saber qué eres y tratar de encontrarte. 



Mister Wonderful sería “La paranoia humorística de la inseguridad”. Y con ello, es como ver al mejor Woody Allen parloteando sobre sus ideas y todo lo que piensa en un instante. Así como hay un humor constante donde no afectamos a nadie si nos reímos de la situación, también se relaciona mucho con lo lastimero: eso que desgarra por lo triste que –vemos- significa la nula capacidad para relacionarse con los demás y con ello, una vida bastante retraída. Pese a ser una historia pequeña –se la encargó The New York Times en forma de tiras dominicales-, maneja perfectamente el drama de una historia convencional, engancha y ¡-cómo no!-  hay observaciones agudas de la sociedad. 

Con cualquiera de estos cómics, es difícil no llegar a sentirse identificado con las situaciones tristes –a veces de lástima- que plantea Daniel Clowes. A todos nos han ocurrido cosas que nos dejan un mal sabor de boca. Ahí nos vemos reflejados.  Más aún si consideramos que tenemos pensamientos propios que rondan nuestra mente, los cuales son distintos o distan de los que imaginamos al estar con las personas. Estando solos, quizá seamos más reflexivos o inseguros, pero nunca extrovertidos –al menos no permanente. En un estado mental normal, claro. 


Daniel Clowes demuestra autenticidad por proyectar toda la honestidad de lo que es a lo que más le apasiona: los cómics 


Así, Daniel Clowes no trata temas distintos en sus cómics. Entendamos soledad, introspección, búsqueda de identidad, amor, crítica social, melancolía y humor paródico. Siempre los mismos y siempre diferentes. ¿De dónde sale todo esto? ¿Daniel Clowes lo ha sentido? Con eso de que esto es ficción y las historias llegan a estar tan construidas para que funcionen –sean entretenidas y permitan ser leídas-. Para ello, basta leer los comentarios emitidos cuando lo entrevistan. A veces parecen como si fuera la observación de cualquiera de sus personajes. 

“Me gustan los personajes que están solos por elección propia, que se oponen al resto del mundo. Son mucho más interesantes”, cuenta Daniel Clowes. "Yo fui muy solitario. Mi hermano mayor se fue de casa cuando yo tenía seis años, y el resto de mi infancia lo pasé con mis abuelos en medio del campo, sin gente alrededor. Era casi como vivir en una cárcel muy cómoda… No había manera de escapar de allí, ni de hablar con gente de mi edad. Así que supongo que me sentí salvado por los cómics. Eran un lugar seguro. Desde muy pequeño tuve la impresión de vivir dentro de mi propia cabeza, de crear mi propio mundo”. 

“Trabajo con personajes de los que respondo emocionalmente. No me gusta pensar demasiado en si son versiones de mí, ni en si reflejan miedos sobre mí mismo o sobre otra gente. Intento crearlos de manera orgánica, casi como uno lo hace cuando sueña. De alguna manera reproducen los dramas que suceden en tu propia vida interior, en tu estado mental”

¿Es malo que Daniel Clowes sea sus cómics y viceversa? Todo lo contrario. Demuestra autenticidad por proyectar toda la honestidad de lo que es a lo que más le apasiona: los cómics, sin idear trampas para no ser descubierto y evidenciar que lo expresado no parte de una experiencia vivida, y así   separar la línea de ficción y realidad, diciendo que –discurso tan reducido como el de darle voz a todos- de lo menos que se hablaría en la creación literaria es de uno mismo. 


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