Un Chile bicampeón de la Copa América con un Messi lamentándose



La Copa América Centenario 2016 fue casi igual a la del año pasado. Exceptuando el desempeño de algunas selecciones, Chile volvió a derrotar en penales a Argentina

Todos los chilenos festejaban y saltaban. Mauricio Isla encendía su rostro por la emoción mientras que Lionel Messi se pasmó. Los ojos dejaron de parpadear para dirigirse hacia la banca y permanecer ahí, lejos de todo. Nadie aparecía para acompañarlo. Todos los chilenos celebraban consigo mismos, al tiempo que el portero Claudio Bravo (quien atajó un penal) se acercaba a los argentinos para reconocer su esfuerzo. Llegó hasta Messi. Una galería de emociones que contrastaba por todas partes.

Así terminó la Copa América Centenario 2016: con dos ideas para destacar. Una, la confirmación de Chile como la mejor selección latina de fútbol (al menos dentro del continente. Lo consecuente sería demostrarlo en el próximo Mundial de Rusia). Sin duda esto parte del proyecto iniciado en 2006 por Marcelo Bielsa. Es claro que la implantación del sistema de juego y la generación de futbolistas es obra suya. Pero eso no es lo que se debe comentar, sino cómo la Federación Chilena de Fútbol supo (tiempo después, al destituir a Claudio Borghi) que ése era el rumbo que debía seguir la Selección Chilena. Quizá eso tampoco sea lo más importante, sino haber encontrado a un técnico casi exactamente igual a Marcelo Bielsa: Jorge Sampaoli (Eso se da una de 100 veces en el mundo). Si bien a la despedida de este llegó Juan Antonio Pizzi, quien empezó a hacer algo raro con Chile, supo, de nuevo, cómo debía caminar La Roja.


Lionel Messi. Vía Mexsport.com

La otra idea es la reacción de Messi. Su llanto impacta, conmueve y desconcierta. Primero por su personalidad (esa que tanto desacredita Maradona: un tipo con una personalidad impecable). No es de todos los días verlo llorar y menos la forma y cómo se desarrolla ésta.  Primero se alejó de todos y se mantuvo en un intento de comprensión sobre el penal que había fallado. Por ahí Bravo y un miembro del cuerpo técnico argentino le echaba ánimos. Pero nada.

Pronto se levantó y lloraba como nunca, mientras a su alrededor (y a través de los comentaristas deportivos) se alzaba la sentencia de que volvía a perder la oportunidad de ganar algo con la Selección. Entonces, uno cree entre que en verdad lo siente pero entre que las lágrimas son sinónimo de una pésima reputación para su carrera (entiéndase entrevistas y cuestionamientos diarios de la prensa que repercuten en la concepción del futbolistas para futura publicidad o patrocinios). Todo esto, claro, desde la comparación hacia Diego Armando Maradona, quien jugó hace más de 25 años en formas muy diferentes a como se juega ahora el futbol, además de estar junto a otros futbolistas. Y así es como los medios de comunicación sorprenden y crean un tema del que siempre podrán hablar.

Si algo deja la Copa América Centenario 2016 es reflejar la actualidad de las selecciones latinoamericanas: donde cada vez se distingue mejor quiénes son los equipos fuertes, quiénes han dejado de serlo y quiénes nunca lo han sido.


G. Ochoa y J. Molina. Vía gettyimages.com

La Copa dejó más certezas que dudas. Confirmó lo que las selecciones latinas -desde el Mundial Brasil 2014-, mostraban. Argentina tomando el puesto de principal líder en la Confederación, con Chile y Colombia que demostraban que unas maquinarias detrás venían formándose. Uruguay aparecía como un rival a considerar pero sin poseer las herramientas ofensivas en cada una de sus líneas que sí tienen los dos anteriores.

El caso de México -como suele ocurrir- va más por la ilusión creada de los medios de comunicación que una actuación que refleje eso de lo que se habla -pero haga o no una actuación destacable, siempre da para hablar días enteros en los programas deportivos de televisión y la prensa-. Aunque la goleada de 7-0 a cargo de Chile, está por demás de cualquier cuestión, incluso para replantearse la imagen concebida de los futbolistas mexicanos que jugaron ese día, paralizados y con una desgana para considerar.

La Selección de Estados Unidos sólo refleja algo propio de su cultura: si tienes una mentalidad competitiva, puedes hacer cualquier cosa. Y así se ha llevado el futbol. Con discreción y sin decepciones.

Lo de Brasil, bueno, esto se desmoronó desde el 2006, donde nunca se creyó desapareciera ese estilo de juego técnico que caracterizaba a los cariocas. 

El nivel del futbol latinoamericano en Selecciones (recordar que es otra cosa al de Clubes) se mantiene. No hay duda que tiene con qué hacer frente a las escuadras europeas -en un nivel arriba-. Entre que se comparaba la calidad de los juegos entre la Copa Centenario y la Eurocopa -aún en proceso- habrá que esperar poco menos de dos años para ver qué tan marcada es la diferencia entre latinoamericanos y europeos. 
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