Steve Jobs, Danny Boyle

Danny Boyle dirige en Steve Jobs una película que retrata al polémico empresario de Apple, con el humor y prepotencia que lo caracterizó


¿En verdad es tan fácil relacionarse con las personas 
como lo demuestran las interacciones? 
 Steve Jobs nos lo responde

Steve Jobs es una película dirigida por Danny Boyle y escrita por Aaron Sorkin, basado en el libro Steve Jobs, de Walter Isaacson. La cinta recrea las épocas en que el empresario inició su carrera en los distintos negocios que estuvo, a  partir de fragmentos y un ritmo trepidante. Me centraré en las sensaciones que genera la película, ya que las provoca a montones y en cualquier instante.

Conseguir hablar con una persona –aún con una mínima intervención del otro- es algo fácil. Pero conseguir lo que se desea –cierta respuesta-beneficio, la creación de un vínculo útil, complementario y agradable, como se creería debe ser toda relación- no lo es tanto. 

Al ver Steve Jobs (2015), sentía la fragilidad por relacionarse -del protagonista Steve Jobs- convertida en una agresión verbal desconcertante. Ahí supe que la película tenía mucho que ver conmigo, al retomar una de las cosas por las que siempre he tenido duda: ¿cómo tratar a las personas?



Es claro que cada persona es diferente y por tanto, a cada una la tratamos y nos mostramos de distinta forma, incluso con otra personalidad. Pero entonces veo Steve Jobs y digo: ¡Era un cabrón con todos y vaya qué lo querían! Esto es un poco exagerado, ya que luego como que sí hartaba a los demás. Aunque sus conocidos nunca se alejaban de él.

Y quizá sería por entender a alguien inconsciente y atormentado –por no sentirse querido por sus padres biológicos, por ejemplo-, obsesionándose con lograr sus objetivos y elevar su nombre. No por ello se justifican las actitudes despreciables ante la gente. Ahí una reflexión: Steve Jobs era grosero con quien -sabía-, soportaría sus groserías.

A lo largo de la cinta vemos sus relaciones cercanas –la mayoría con un lazo que lo une: su asistente Joanna, la mamá de su hija, Steve Wozniak, su socio-, pero difícilmente con alguien desconocido, con quien seguramente elegiría otra de sus actitudes. Quizá de humor pero no de prepotencia.



Si bien los creadores de Steve Jobs -Danny Boyle y Aaron Sorkin- insisten en la personalidad déspota de Steve Jobs, no dejan de lado su forma de ver el mundo y los negocios –arrogante, claro-, además de su natural agudeza para burlarse de lo que fuera –arrogante aunque simpática.

Estas dos cualidades me recordaban que los pensamientos y el humor es algo imprescindible para soportarte y hacer que te soporten los demás, además de esa clara imagen predominante que queremos proyectar ante la gente, lo cual hacía que soltara una risa cómplice y entendiera un poco mejor de qué iba la personalidad de Jobs.


Steve Jobs es una película que me recordaba mucho lo que es la vida común: intentar hacer algo en equipo pero pasar, primero; frente a tu ser e ideas ante los demás; luego interactuar con ellos; para después darte cuenta –si lo ves-, que no eres el único ser brillante en la tierra –si así te consideras, claro-.

La película sugiere que, por lo regular, siempre hay alguien atrás que te ha hecho visible mientras él sigue siendo invisible. Steve Jobs es una película sobre la peor y mejor sociabilidad: esa que incomoda, te enfrenta contigo mismo y resulta necesaria, pero también la sociabilidad que hace reír y conmueve.
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