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04 septiembre, 2014

Joan Rivers: La mejor comediante que ha dado la televisión







“La vida es muy dura. Si no ríes, es muy dura”.
 “Desearía tener una gemela, así podría saber cómo me vería sin cirugía plástica”.

Joan Rivers


Nunca me había impactado la muerte de un personaje público como la de Joan Rivers. No lo creía. Y más por alguien que, lo menos que provocaría, sería cariño. Siempre insultaba a personajes de la vida pública, con comentarios burlones y ofensivos. Pero Joan Rivers era mucho más que “Una tipa loca que hacía chistes ingeniosos”. Si se ve detenidamente cualquiera de sus apariciones en televisión, puede notarse las increíbles ganas de vivir que tenía: era aguda riéndose de cualquier cosa; era crítica riéndose de ella misma; era alegre y desternillante haciendo lo que tuviera que hacer (Esto se notaba más en su reality show, junto a su hija Melissa en “Joan & Melissa: Joan Knows Best?”). 

Resaltar el ambiente de Fashion Police –donde Joan Rivers conducía el popular programa de crítica de moda del canal E!-. Se reflejaba una armonía difícil de encontrar en los programas de televisión de análisis y comentario. Esto se veía en el respeto que los conductores le daba a cada uno de sus compañeros al expresar sus opiniones. Después podía venir el chiste pero nunca se interrumpía. Es claro que esto demuestra un valor tan importante como lo es escuchar, pero si este detalle se compara con los debates de información política o los programas de análisis de futbol, la diferencia es brutal. 



Resulta curioso que una persona tan preocupada por su apariencia fuese, al mismo tiempo, alguien con una rapidez mental digna de analizar. Y es que los chistes de Rivers eran fruto de una imaginación desbordante, del siempre trabajar la mente. De saber qué decir y cómo unir las ideas. Quiero creer que mucho de lo que se le ocurría era improvisado. O si no, tenía una increíble memoria para repetir todo un guion. Sin dejar de lado la naturalidad y frescura con que lo hacía. 

Otra paradoja sobre Joan Rivers, reconocida por hablar sobre “la moda” –algo emparentado con la superficialidad- es que sea una de las personalidades más lúcidas que ha dado la televisión. Para quien dude lo anterior, sólo vea cada intervención de la comediante en la pantalla: lo que dice y la frase que logra unir. No cualquiera reúne oraciones bien trabajadas que provocan carcajadas. ¿Es importante mencionar que esto lo hacía una persona de 81 años?


Si bien no sé de moda, recuerdo que los expertos en el tema llegan a mencionar que tal o cual modelo de ropa es genial, cuando es una cosa espantosa que excede lo que se pueda considerar como “innovación”. Joan Rivers hacía notar estas cuestiones, ya que decía lo que pensaba. Y no por conocer de moda, aceptaría cualquier porquería disfrazada de atuendo para utilizar como ropa.

En cuanto a su humor -pese a ser muy ácido y polémico- me encantaba. Me hizo reír muchas veces, sentirme bien, ver la vida como un juego en el que te suceda lo que suceda o estés donde estés, siempre hay algo de qué reírse y qué mejor si es de uno mismo. Además, sus comentarios eran imaginación pura. Todo lo que hacía partía de un ejercicio creativo: el mismo ejercicio pero siempre diferente. Sorprende la cantidad de personajes famosos que admiraban su comedia (Ellen Degeneres, Whopi Goldberg, Eva Longoria, Demi Lovato, Samuel L. Jackson, Ozzy Osbourne, entre otros, expresaron tras su muerte mensajes emotivos en Twitter). 

Joan Rivers vino y dejo un paquetote de humor negro, con sus irreverencias y originalidades. Se dice que es una referencia para el estilo crítico e irreverente de las comediantes Kathy Griffin, Sarah Silverman, Amy Poehler y Amy Schumer. 


Pese a que Joan Rivers fuera una persona vanidosa que siempre le interesaba verse bien –bromeaba al decir que se había hecho 700 cirugías. Añadía que eran tantas que perdió la cuenta-, comprendía que si saldría en una pantalla, tendría que decir algo. Y qué mejor si era algo gracioso. No por nada logró que la gente se detuviera a pensar, a preguntarse cómo lo hace, a apreciar lo increíble que produce un chiste o expresión. Algo que sólo los genios creativos consiguen. No hay otra cosa más que pensar y pensar y quizá, alguna cosa ingeniosa saldrá para reírse, como lo hacía Joan Rivers.


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“A veces, Dios permite las tragedias. Él permite que la tierra se seque y que

los tallos crezcan desnudos. Le permite a Satanás que desate el caos.

Pero no permite que triunfe.”


Max Lucado




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