29 julio, 2017

La tienda de los sueños. Un siglo de cuento fantástico mexicano, Alberto Chimal




Por Emiliano Martín del Campo


La tienda de los sueños es un libro de cuentos fantásticos mexicanos reunidos por Alberto Chimal y publicados por Ediciones SM en el año 2016.

Este libro forma parte de una serie de antologías del género literario que se han recopilado en nuestro país como Ciudad fantasma I y II compilada por Bernardo Esquinca y Vicente Quirarte; México fantástico. Antología del relato fantástico mexicano por Ana María Morales; Estancias nocturnas. Antología de cuentos mexicanos recopilación de Gabriela Rábago Palafox; Agonía de un instante. Antología del cuento fantástico mexicano de Frida Varinia; Antología del cuento siniestro mexicano de Rafael Juárez, Cien años de sueño. Antología de cuentos mexicanos de Pedro Castera y las más recientes, Tierras insólitas. Antología de cuento fantástico de Luis Jorge Boone.

Antes que nada debo dar un aviso. La narrativa fantástica es mucho más abundante y más diversa de lo que se suele creer, y una prueba está en la narrativa fantástica de México: en el conjunto de historias que emplean la imaginación fantástica y están escritas por autores mexicanos. De hecho es un conjunto enorme. Este libro es una muestra: abarca poco más de cien años -110, en realidad, entre la fecha de “nacimiento del primer autor incluido y la del último- y va desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, las primeras décadas del siglo XX.

Chimal organiza los textos cronológicamente. Intenta hacer una selección de los mejores autores en la materia. Comienza con “Como en las estampas” de Amado Nervo publicado en 1906. Llama la atención que el antologador no tome en cuenta a los antecesores de Nervo. 

Para ese entonces ya existía un discreto grupo de escritores que habían realizado algún cuento fantástico. Solo por mencionar algunos ejemplos podríamos nombrar “La mulata de Córdoba” de José Bernardo Couto, “La calle de Don Juan Manuel” de José Justo Gómez, “Lanchitas” de José María Barcena, quien por cierto fue traductor de Hoffmann, “La calle de la mujer herrada” de Luis González Obregón, “El espejo” de José López Portilla, “El dictado del muerto” de Rubén M. Campos, “El matrimonio desigual” de Vicente Riva Palacios, “La cabellera” de Efrén Rebolledo,   “Don Juan Manuel” de Payno, “La sirena” de Justo Sierra, “Una duda” de Carlos Díaz Dufoo, “De ultratumba” de José Juan Tablada, “Homo dúplex” de Ciro B. Ceballos, “La llorona” de Artemio del Valle Arispe, “Rip-Rip el aparecido” de Gutiérrez Nájera, entre otros cuentos anteriores al de Nervo. 

Chimal elige al poeta modernista para empezar la antología porque el autor revoluciona la forma de hacer cuento fantástico. Nervo produce una ruptura con el sistema clásico, construye su cuento contrastando lo divino y lo carnal, una deidad desea a una adolescente de carne y hueso. En “Las estampas” el escritor utiliza la ambigüedad como un recurso textual y realiza una alegoría del interior representado por lo infinito.  

El siguiente es el ya clásico cuento de Elena Garro “La culpa es de los Tlaxcaltecas”, Chimal da un salto de casi cincuenta años pues dicho texto fue publicado en 1964. La autora es reconocida por su afición a la fantasía tanto en la dramaturgia como en sus narraciones. En el cuento de Garro la historia se confunde con la realidad y el sueño con una dimensión desconocida. 

“La debutante” es de la escritora de origen inglés Leonora Carrington conocida por su poética surrealista tanto en sus pinturas como en sus narraciones. En “La debutante” hace una crítica social al mundo dónde creció; al final, la protagonista se fuga por la ventana. “El converso” de Juan José Arreola gira entorno de la confesión de Alonso de Cedillo; la narración aborda la contraposición de fuerzas religión y el placer. “Yo vendí mi nombre” de Guadalupe Dueñas, autora jalisciense dedicada a la literatura fantástica, es una narración en donde el conflicto recae en la pérdida del nombre, de la identidad, el personaje principal se reduce a ser nada.

 “Moises y Gaspar” es un cuento en donde Amparo Dávila hace un uso magistral de las palabras con la intención de oscurecer el lenguaje al punto de llevar al lector a desconocer la esencia de Gaspar y Moises. Está técnica es muy utilizada en lo fantástico, la intención es que el propio lector saque sus conclusiones sobre qué es “la cosa”. Pasa lo mismo en “El huésped” otra de las narraciones que se encuentra en El tiempo destrozado publicado en el año de 1959. 

Inés Arredondo es la autora que cierra este grupo de autores que escribieron en la época del auge de la literatura fantástica en América Latina. En su cuento “Orfandad” el sueño se confunde con la realidad de una joven que perdió las extremidades en un choque automovilístico.  Estos escritores podrían pertenecer a la tradición del cuento fantástico moderno de quien su máximo representante es Kafka.

A mitad del libro vienen una serie de autores de transición que oscilan entre en lo moderno y lo posmoderno. Son autores que atisban una nueva forma narrar, entre ellos están José Emilio Pacheco con su cuento “Tenga para que se entretenga”, situado en el bosque de Chapultepec. Un pequeño es raptado por un oficial que viene del pasado mientras su madre lo busca desesperadamente, sin éxito. 

“Tema del rescate” proveniente del libro Sueños de segunda mano (1983) de Agustín Monsreal es un relato situado en un mundo isotópico, un universo en donde un personaje está buscando la fuerza, busca ese centro en el que todas las cualidades de la especie convergen: la voluntad, repite el protagonista de la historia. Encontrar la “fuerza” es la única forma de salvar a la humanidad. 

“Tiempo libre” es un texto de Guillermo Samperio en donde la ironía y el juego se convierten en los actores principales. Un personaje se transforma poco a poco en un diario, le crecen letras en las piernas y brazos, la tinta lo inunda hasta quedar reducido a ser un periódico. “El evangelio del hermano Pedro” de Álvaro Uribe y “El ángel de Nicolás” de Verónica Murguía cerrarían este grupo de cuentos de transición entre lo moderno y lo posmoderno.

Con el fin de siglo surgen un grupo de escritores que hacen cuentos fantásticos posmodernos, en donde la hibridación, el simulacro, la metaficción, la intertextualidad, la ironía, el paralelismo, la deconstrucción, la cosmovisión y la hiperealidad son recurrentes, porque existe una conciencia exaltada del lenguaje como un juego. En este tipo de textos se cuestiona la misma ficcionalidad del mundo. Son estos escritores -la mayoría vivos- quienes escriben en la posmodernidad. Textos publicados a finales del siglo XX y principios del XXI.

Norma Lazo en “El que camina a un lado” trata un tema clásico en este tipo de literatura: el doppelganger. De Cecilia Eudave, “El oculista”, es un personaje que cuenta la anécdota de uno de sus pacientes que con un ojo ve su vida y con el otro la vida de la mujer de quien está enamorado. 

“De sables y sabios” de Ignacio Padilla trata sobre una historia del viejo oriente; el honor y la sangre determinan el texto. En “La noche de los inmortales", Fernando de León mezcla la erudición con el humor negro que caracteriza al fantástico posmoderno. St Germain, el diablo y Otelo se encuentran en calles del centro de la ciudad en un asalto un poco sui generis. 

La estructura de “Moscas” de Bernardo Esquinca es peculiar porque el cuento está compuesto por un conjunto de grabaciones de las sesiones psicoanalíticas de un individuo que está convencido de que las moscas van a acabar con la raza humana. Finalmente, “Styx y Umene” de Iliana Vargas, “Mientras la maga duerme” de Magaly Velasco e “Indocumentado” de Édgar Omar Avilés, cierran el libro.

Acercarse a La Tienda de los sueños es una buena oportunidad para leer a los mejores cuentistas fantásticos en nuestro país. Sorprende la exclusión de autores como Mauricio Molina o Francisco Tario. Sin embargo, es una buena compilación de autores importantes en el universo de las letras mexicanas.


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