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23 de enero de 2017

Atrapado sin salida (1975)



Antes que nada, para comentar la película intervienen dos factores. Uno, la historia no es propia, sino una adaptación de la novela One Flew Over the Cuckoo's Nest, de Ken Kesey. Y Dos, parece exigir que se vea una segunda vez -lo cual no es tan oportuno ya que dura dos horas y 14 minutos que podrían invertirse en ver otra película, además de que habría más herramientas para entenderla e incluso cambiaría las sensaciones de la primera impresión.

Y es que es una obra que acciona la mente y empieza a darle vueltas por todos lados en los momentos menos esperados. Porque en este argumento de que un hombre llamado R.P. McMurphy(Jack Nicholson) entra a un hospital psiquiátrico para ser evaluado y así elude ir a prisión por los casos de agresión que presenta, hay muchas más lecturas de las que veremos en la misma convivencia que tendrá con los pacientes, todos hombres.



Una de ellas es el rebelarse frente a la autoridad -a su vez parece producto de la prepotencia agresiva de R.P. McMurphy, donde deja la posibilidad de que en verdad esté loco. Aquí una de varias señales de que vemos una cosa, cuando en realidad es otra.

Y se muestra con escenas de una belleza de la cual es difícil no conmoverse, ya que el personaje de Nicholson impulsa a los pacientes con enfermedades mentales a que cuando alguien los controla -en este caso las enfermeras-, vayan en contra de él y jueguen a través de la imaginación, a que dejen de lado las prohibiciones y prueben lo que los haga sentir vivos. Porque ellos no están tan locos como quienes están afuera, en la calle.


Y sí, ellos lo saben. La mayoría de los pacientes puede salir del hospital cuando quiera. Ahí se da un golpe brutal para R.P. McMurphy, pero también para la audiencia que lo hemos seguido. Porque entre que creemos la influencia que ha ejercido él, como no comprendemos el porqué los pacientes siguen ahí. Entonces se sugiere la idea de que todos estamos locos, pero no porque nos relacionemos con personas que lo están, sino porque el sistema que te domina te hace así. Te hace sentir que no puedes salir de él.


Cuando está la oportunidad para hacerlo, Atrapado sin salida culmina con una resolución violenta, que no es más que el resultado del agobio hacia el oprimido para hacerlo que estalle. Como espectador, no me agrada el final de la historia. Me parece agrio e incomprensible -esto podría ser spoiler-, ya que si bien uno de los oprimidos logra hacerse a un lado del sistema, pasa por encima de uno de sus compañeros.

Sin embargo, si se ve con más detalle, hay una crítica hacia las drogas y cómo éstas pueden impedir la lucha contra el dominante. Así suena un poco más esperanzador. Como quiera que sea, habrá que verla una segunda vez o sino leer la novela y reclamarle a Ken Kesey, donde quiera que esté.



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